Extraño algo que no sé qué es.
Tal vez la seguridad que sentía en los brazos de quien amaba,
tal vez el saberme querido.
Aunque si así fuese, sabría cuál es el objeto de mi extrañar,
pero ahora resulta que no sé cuál es. 

Lo que tuve lo perdí,
lo que heredé me lo robaron.
Lo que nunca pude alejar fue la angustia.

Me queda la presión en la nuca de tanto mirar un punto fijo.
Me quedan las manos secas de exponerlas tanto al frío.
Algunos recuerdos que me generan calor y nostalgia.

No sé si me cuesta creerlo o no,
pero ahora creo que todo se reduce a una cuestión de piel. 

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