Siguen pasando los días, uno más o uno menos.
Sigo riendo, a pesar de haber perdido nuestro refugio,
a pesar de no saber qué busco, qué estoy dispuesto a encontrar.
El invierno fue duro, con altibajos,
siempre agradecido pero sintiendo la angustia.
Buscar el balance, el equilibrio, no dejarme arrastrar,
mucho menos arrastrar a otros.
Se transforma y, a veces, hay que irse, naturalmente.
Como el humo de las flores que sigo quemando,
algo deja (siempre, siempre), luego se va
dibujando estelas, formas, camuflado en la naturaleza.
Eso que tiene de natural y genuino el amor
que algo deja (siempre, siempre), luego se va
dibujando estelas en la sangre,
volviendo en el recuerdo.
Añorando que sea eterno, más tarde veo como se marcha.
El poder de revivirlo o la maldición, el precio que pagar,
la condena.
Comentarios
Publicar un comentario