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En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida. Indio.  Desde que murió en Buenos Aires no sale el sol. Hay una bruma como de tiniebla. Rocío constante, garúa. Las verdades nos mojan la cara. La humedad entra en los huesos. Sombras de soledades, aquellos que no han podido encontrar alivio, así como estamos, esperan la fecha y hora de la condena. Imágenes de corazones rotos, dientes apretados, suicidios.  Hay que pasar este invierno, no dejar que entre en las venas. No hay nada peor que enfriarse, menos si estamos resistiendo desde la derrota, desde el fin de las utopías.  
Te seguiré soñando, imaginando tu cuerpo cuando despierto, recordando los momentos lindos.  Sin querer salir de la cama para no cortar mi estadía allí donde compartimos tanto.  En casa ya no queda nada con tu olor, mi mente es capaz de revivir tu imagen, tus gestos,  y si la realidad se compone de tiempos y planos que escapan a mi entendimiento, quizás  -en el mejor de los casos-, las estelas de tu existencia sigan habitando  entre estas paredes. 
Nada escapa cuando no hay fisuras si hoy no comprendo el porqué de tanto si no puedo frenar el tiempo y mi memoria -perezosa, cannábica- no llega a revivir lo sucedido. Si el nudo en la garganta es prueba de mis arrepentimientos sólo me queda abrazarme y abrazar la idea de que nada se pierde. Ni mis aciertos -no fueron pocos-  ni mis errores -fueron muchos-. Ahora que lo artificial no me mueve que no me conmueve el sacrificio por obtener riqueza que dudo de la búsqueda espiritual individual. Que busco los hilos del tiempo, su red, en lo que sucede, que veo paralelismos en la historia -a la que le dedico gran parte de mi vida- que quiero descifrar(me), intuir, vivir con cada parte de mi ser (...) Marcas a fuego, fuego lento. Sé que nos dimos herramientas pero eso no es consuelo cuando todo termina, sólo saber que fuimos felices. Fuimos y ojalá exista la eternidad. 
Los malos augurios resbalan ante los buenos deseos de los que quiero y que llegan hasta mi corazón. La pasión, ahora, es guiada por el amor; lo siento en cada beso, en cada abrazo. Y si cosas malas tienen que llegar, y llegarán, voy a estar presente conscientemente. Estoy ligero, próspero, a pesar de esta crisis amarga. Con energía, sin límites para avanzar hacia el futuro. Sé que vendrán nuevos sueños, nuevas metas, y que de alguna manera -espíritus, dragones, mitos, magia, astros- estaré protegido. Cuando la infinitud me haga suyo, dejaré un cuerpo que sonrió muchas veces, de amor y de pena. 
 El sufrimiento -colectivo e individual- va a seguir su curso, hagamos lo que hagamos. El alivio, siempre, es colectivo.
Simplicidad sin fin de la ternura Cuando perdimos eso de vista nos empezamos a perder. Después llegó la tarde, el Sol se ocultó, la luz se fue. Nos rodearon nuestros fantasmas, los tuyos, los míos, nos perdimos entre ellos sin saber cuál es cuál, ni quién es quién. Ojalá la eternidad exista porque esta amargura no es tan amarga si es así. De otra forma, más que amargura es sentir desangrarme cada vez que te pienso. Si despierto vacío y desecho  me revuelco en mi culpa. Ensimismado me levanto, sino ¿Quién va a sacar a Bart?
Otoño, otra vez. Pasaron cuatro desde que nos conocimos. En este yo no te quería ver sufrir por mí, pero pasó. Vos decís que no querés ver cómo el fuego se apaga. Yo creo en la metamorfosis, la transformación, aunque no sé si eso es prueba de mi valor o la falta del mismo.  Otoño, su sol tibio, sus colores, la tierra exigiendo lo que le pertenece. Nosotros separándonos. Perdiendo contra el tiempo mientras las puertas se cierran frente a mis ojos, frente a mis lágrimas.