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Simplicidad sin fin de la ternura Cuando perdimos eso de vista nos empezamos a perder. Después llegó la tarde, el Sol se ocultó, la luz se fue. Nos rodearon nuestros fantasmas, los tuyos, los míos, nos perdimos entre ellos sin saber cuál es cuál, ni quién es quién. Ojalá la eternidad exista porque esta amargura no es tan amarga si es así. De otra forma, más que amargura es sentir desangrarme cada vez que te pienso. Si despierto vacío y desecho  me revuelco en mi culpa. Ensimismado me levanto, sino ¿Quién va a sacar a Bart?
Otoño, otra vez. Pasaron cuatro desde que nos conocimos. En este yo no te quería ver sufrir por mí, pero pasó. Vos decís que no querés ver cómo el fuego se apaga. Yo creo en la metamorfosis, la transformación, aunque no sé si eso es prueba de mi valor o la falta del mismo.  Otoño, su sol tibio, sus colores, la tierra exigiendo lo que le pertenece. Nosotros separándonos. Perdiendo contra el tiempo mientras las puertas se cierran frente a mis ojos, frente a mis lágrimas. 
 Sabemos romantizar lo cotidiano y encontrar belleza a cada paso. También sabemos dejarnos arrastrar por la melancolía que nos lleva del presente hacia el interior, hacia la oscuridad, sin amarguras.  Bajamos para limpiar la tristeza, para dejarla tan pura como podamos. Luego, como la primavera, hacer florecer nuevas ilusiones. 
 Confío y pongo decisión Mis banderas no son cruces. La historia heredada no es condena, ni cadenas, ni maldición. Confío y por eso no traiciono a mi sangre ni a mi corazón.
 La calidez en el cuerpo La añoranza de la cotidianidad Los gestos que puedo seguir viendo En tu rostro, a pesar del tiempo, Y nuestras contradicciones.
Buen día El frío se fue Las hojas amarillas caen El cielo extiende su celeste sobre mi barrio. Le agradezco a mi cuerpo Y me enamoro de todo.