Se cierran ciclos... de nueve años, dicen, de treinta, otros. Hace unos meses, bajo la Luna llena, un amigo me dijo que hay que estar en calma, no precipitarse. Le hice caso, ya que por dentro estaba convulsionado, a punto de dar giros drásticos. Respiro otra etapa, chau Dragón, chau Serpiente, ahora Caballos galopan sobre el verde, beben del río, juegan. La lealtad, mostrar el alma a quienes quiero acompañar y que me acompañen. Cambio de ciclo, no guardarme nada, forzar el límite.
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Intentando descifrar qué es la vida -suponiendo que hay una respuesta válida- resulta que hay que negociar entre las pulsiones, entre Eros y Tánatos, entre lo reprimido y lo que sale. Repeticiones y lo que duele, hasta que el dolor es consciente. Entre la contemplación y el éxtasis, yo quiero desposeer.