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No quiero sombras, ni tapar con las manos lo que duele. No todo es tristeza, aunque duela. (...)  No puede haber olvido para lo que fuimos El dolor no son puñales, ni llantos, ni nudos en la garganta. El dolor es el paso del tiempo y la imposibilidad de detenerlo.  No seremos peso para el otro. No dejaremos que el miedo nos inmovilice. La fuerza, la Vida, el Camino. 

El Congreso invadido por los enemigos.

 El Congreso da asco, afuera gases -cada uno vale lo que una jubilación- y represión, más represión. Resiste el compañerismo, mientras la tele muestra violencia,  "infiltrados", enojados, policías duros, más duros que esta realidad, sus mandíbulas aprietan, equipados para la guerra descargan su odio contra nosotros. Los veo y sé que hay maldad ahí, pero sobre todo hay ignorancia.   Pedimos que se cumpla la ley,  marchamos codo a codo,  mientras nuestros "representantes" nos venden. Vamos, con más bronca que amor. Deseamos que tarde o temprano, de alguna manera...
Vamos a hablar de trabajo alienado, de no naturalizar el salario,  de historizar.  Quizás nuestras vidas no mejoren, probablemente todo lo contrario, pero tenemos que ganar conciencia y compañerismo. Para resistir mejor y llegar a la verdadera felicidad: la comunitaria. 
Las palabras no pueden revivir la experiencia, no pueden explicar el amor, no pueden explicar la angustia de perderlo. Las palabras que conozco no me sirven para explicarme por qué el tiempo se vuelve lento cada vez que te pienso, no conozco una palabra que resuma la sensación de no poder sacar tu imagen de mi cabeza. Tantas palabras para un mismo dolor. 
¿Dónde va todo lo que sucede? No lo sé, ni lo sabré  -no con esta forma, no con esta conciencia- Me consolé pensando en que nada se borra, que no hay vuelta atrás, todo es único y sagrado -sagrado porque valoro y agradezco estar vivo, porque me siento afortunado por amar y ser amado-. El consuelo es necesario, por múltiples razones, pero como todo cambia quiero cambiar las respuestas. Dicen que no hay horizonte de expectativa, que las utopías están muertas yo sólo pienso en saltar las barreras de este mundo mercantilizado, y ver que se equivocan.
Siguen pasando los días, uno más o uno menos. Sigo riendo, a pesar de haber perdido nuestro refugio, a pesar de no saber qué busco, qué estoy dispuesto a encontrar. El invierno fue duro, con altibajos, siempre agradecido pero sintiendo la angustia.  Buscar el balance, el equilibrio, no dejarme arrastrar, mucho menos arrastrar a otros.  Se transforma y, a veces, hay que irse, naturalmente.  Como el humo de las flores que sigo quemando, algo deja (siempre, siempre), luego se va dibujando estelas, formas, camuflado en la naturaleza. Eso que tiene de natural y genuino el amor que algo deja (siempre, siempre), luego se va dibujando estelas en la sangre, volviendo en el recuerdo. Añorando que sea eterno, más tarde veo como se marcha. El poder de revivirlo o la maldición, el precio que pagar, la condena. 
 Los años para volver a un lugar que quizás ya no existe. El error visto cuando ya es tarde. Lamentamos lo que no podemos borrar. Añoramos lo que perdimos y no hay nada que llene ese vacío. Visitaré los lugares que visitamos juntos, volveré a los paisajes que pudimos compartir, andaré por caminos nuevos, pensándote. Este tiempo inmediato es tirano, alimenta la ansiedad, la insatisfacción. Nuestro tiempo siempre fue lento, largoplacista, natural,  parecido al olvido.