¿Dónde va todo lo que sucede? No lo sé, ni lo sabré -no con esta forma, no con esta conciencia- Me consolé pensando en que nada se borra, que no hay vuelta atrás, todo es único y sagrado -sagrado porque valoro y agradezco estar vivo, porque me siento afortunado por amar y ser amado-. El consuelo es necesario, por múltiples razones, pero como todo cambia quiero cambiar las respuestas. Dicen que no hay horizonte de expectativa, que las utopías están muertas yo sólo pienso en saltar las barreras de este mundo mercantilizado, y ver que se equivocan.
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Siguen pasando los días, uno más o uno menos. Sigo riendo, a pesar de haber perdido nuestro refugio, a pesar de no saber qué busco, qué estoy dispuesto a encontrar. El invierno fue duro, con altibajos, siempre agradecido pero sintiendo la angustia. Buscar el balance, el equilibrio, no dejarme arrastrar, mucho menos arrastrar a otros. Se transforma y, a veces, hay que irse, naturalmente. Como el humo de las flores que sigo quemando, algo deja (siempre, siempre), luego se va dibujando estelas, formas, camuflado en la naturaleza. Eso que tiene de natural y genuino el amor que algo deja (siempre, siempre), luego se va dibujando estelas en la sangre, volviendo en el recuerdo. Añorando que sea eterno, más tarde veo como se marcha. El poder de revivirlo o la maldición, el precio que pagar, la condena.