Te seguiré soñando,
imaginando tu cuerpo cuando despierto,
recordando los momentos lindos. 
Sin querer salir de la cama
para no cortar mi estadía
allí donde compartimos tanto. 

En casa ya no queda nada con tu olor,
mi mente es capaz de revivir tu imagen,
tus gestos, 
y si la realidad se compone de tiempos y planos
que escapan a mi entendimiento, quizás 
-en el mejor de los casos-,
las estelas de tu existencia sigan habitando 
entre estas paredes. 

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