Sabemos romantizar lo cotidiano
y encontrar belleza a cada paso.
También sabemos dejarnos arrastrar por la melancolía
que nos lleva del presente hacia el interior,
hacia la oscuridad, sin amarguras.
Bajamos para limpiar la tristeza,
para dejarla tan pura como podamos.
Luego, como la primavera, hacer florecer nuevas ilusiones.
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