Todos hablan entre ellos.
Yo no hablo con nadie.
Algunos murmullos se convierten en gritos.
Reafirmo mi silencio mientras lucho con la apatía.
Fragmentos.
Lo que no se dice, duele. Lo que nunca se va a poder decir, además, arde. Quema, como el frío más hostil. No quiere, ni deja querer, porque sangra. Aunque me disperse, y la rueda de la fortuna gire, -Su naturaleza es cambiar, como la del tiempo es pasar- saberme afortunado, si lo creo, si mis ojos ven el pedazo de cielo que tengo enfrente, la magia y el hogar.
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