Cuando alguien muestra algo que no es, se nota. Nuestra especie no tiene la capacidad innata de camuflarse. Sí construimos nuestra conciencia, experiencia tras experiencia, sensación tras sensación.
Por ello considero el mentir, el ocultar, el querer ser lo que no se es, como el flagelo más grande que uno puede infligirse. Querer alcanzar lo que no se es mediante la actuación, en lugar de cambiar nuestras acciones, eso sí que es absurdo, es transformar la realidad en una ficción.
Lo peor de todo esto es que se nota. Quien cae en tal flagelación queda expuesto y asquea. Sí, hay personas que asquean. En segundo lugar están los que necesitan reconocimiento constantemente. Quienes remarcan su carácter, como si necesitasen recordarle al otro lo que son y lo que hicieron.
Otoño, otra vez. Pasaron cuatro desde que nos conocimos. En este yo no te quería ver sufrir por mí, pero pasó. Vos decís que no querés ver cómo el fuego se apaga. Yo creo en la metamorfosis, la transformación, aunque no sé si eso es prueba de mi valor o la falta del mismo. Otoño, su sol tibio, sus colores, la tierra exigiendo lo que le pertenece. Nosotros separándonos. Perdiendo contra el tiempo mientras las puertas se cierran frente a mis ojos, frente a mis lágrimas.
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