Cuando pensás que nada puede estar peor (o mejor) va y se muere tu viejo, o tu perro, o tu gato.
O tu amor ya no te ama. O tu amor te manipula. O eso que pensás que es amor no es más que pena, autoengaño, obsesión. O es amor que no se entiende con la forma de amar del otro.
O se te inunda el pecho de lamentos por lo que no fue. La cabeza te rebalsa de cosas que no hiciste y ahora ya no podes o nunca pudiste. De repente ya no mirás para arriba, sino que cada vez más abajo, y para dentro te da miedo.
Ahora tu piel es extraña, el mundo más gris, la mayoría más pobre.
Disfrutá lo que te toca, la suerte cambia y el cielo ennegrece. A la vuelta de la esquina te podes caer o encontrar la forma de elevarte como nunca antes pero para atrás no podemos ir.
Para atrás no podemos ir.
Otoño, otra vez. Pasaron cuatro desde que nos conocimos. En este yo no te quería ver sufrir por mí, pero pasó. Vos decís que no querés ver cómo el fuego se apaga. Yo creo en la metamorfosis, la transformación, aunque no sé si eso es prueba de mi valor o la falta del mismo. Otoño, su sol tibio, sus colores, la tierra exigiendo lo que le pertenece. Nosotros separándonos. Perdiendo contra el tiempo mientras las puertas se cierran frente a mis ojos, frente a mis lágrimas.
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