Todo se me escapa de las manos.
No importa la fuerza ni la presión que haga,
todo se me escurre entre los dedos,
me traspasan como si mi carne fuera polvo,
y quizás lo sea.
Fragmentos.
Lo que no se dice, duele. Lo que nunca se va a poder decir, además, arde. Quema, como el frío más hostil. No quiere, ni deja querer, porque sangra. Aunque me disperse, y la rueda de la fortuna gire, -Su naturaleza es cambiar, como la del tiempo es pasar- saberme afortunado, si lo creo, si mis ojos ven el pedazo de cielo que tengo enfrente, la magia y el hogar.
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