Pensar es tanto una virtud como un padecimiento. Pensar es salud en la enfermedad. Pensar es estar encadenado volando por el cielo nocturno. Pensar es algo que nunca debemos dejar de hacer, pero cuando menos lo hacemos nos sentimos mejor. Pensar es construirnos y autodestruirnos a la vez. Pensar es tener ganas de vivir y estar muerto. Pensar es nuestra salvación y perdición. Pensar no nos lleva muy lejos, pero nos hace viajar que es mejor que estar quieto.
¿Cuántos duelos contarán mis penas? ¿Cuántas formas tomará el dolor? No es una queja, mucho menos un reproche. Sólo la búsqueda de claridad en esta niebla que atravieso como si nadase, teniendo que controlar la respiración. ¿El tiempo que apila mis recuerdos tiene la capacidad de aliviar el dolor? ¿O más bien todos cargamos con nuestras penas a cuestas sin más que hacer que andar, andar, andar?
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